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Otro aportazo de don Luis Cisternas |
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escrito por Luis Oscar Cisternas Vega
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miércoles, 16 de diciembre de 2009 |
¿Y, NOSOTROS... POR QUIÉN VOTAMOS?
Esa es la pregunta que se plantea nuestro compatriota y fiel colaborador, don Luis Cisternas, desde Zaragoza (España), mientras hace sabrosos recuerdos de las 'prácticas de electorales' de antaño. Los invitamos a disfrutar de este nuevo aporte de un chileno de corazón.
¿Y, NOSOTROS... POR QUIÉN VOTAMOS?
El domingo13 de diciembre recién pasado, se realizaron, en nuestro querido Chile, las elecciones presidenciales, además, las de senadores –que renovarán parte de la cámara alta— y de la cámara baja, es decir, diputados. Con esto, se cumplirá parte de la tradición democrática, establecida desde 1990 cuando se eligió por voto secreto y universal al señor Patricio Aylwin como presidente de la república, para suceder en el cargo, al inefable Augusto Ramón.
Amigos, utilizando una consabida frase de aquellos charlatanes del siglo pasado, que se instalaban en las plazas en Chile para intentar embaucar a los distraídos transeúntes con productos y pomadas milagrosas, les digo: “¡Yo no vengo a vender, sino que a regalar!” ¿Qué que quiero decir con esto? Pues muy simple, no vengo a hablar de política, sino mas bien a dialogar sobre aquellas pequeñas cosas que sucedieron, que sucedían y que seguirán sucediendo en nuestras elecciones que son tan peculiares, especiales y auténticas.
Todo comienza con el ritual de la famosa ley seca, que se inicia la noche anterior a este acontecimiento. Es decir, que todos los bares, boliches, lupanares, lenocinios y lugares afines, algunos de dudosa categoría –por lo que me han contado—, donde se consuma y/o expenda bebidas alcohólicas, o sea copete, aunque sea “alicateado”, deben cerrar a la medianoche, con lo cual no se venderá néctar del dios Baco, hasta un par de horas después de haber finalizado el escrutinio y se conozca al o los ganadores, según sea el caso.
Durante el día, las radios y los canales de televisión, montan toda su parafernalia y recrean un show al mas puro estilo hollywoodiense, para llevar de la mejor forma posible los comicios hasta los hogares de los millones de individuos que ya, a primeras horas de la mañana se desplazan hasta los correspondientes lugares de votación donde deberán cumplir como presidentes o vocales de mesa y/o a depositar sus preferencias. Aunque, me gustaría recalcar, que en las décadas anteriores a la llegada de los uniformados a la Moneda, todo era mucho mas artesanal, mucho mas rudimentario, yo diría que hasta romántico. Los candidatos hacían grandes mítines donde movilizaban un inmenso rebaño de huev..., perdón de gente afines a sus colores políticos y paralizaban el tráfico de las principales avenidas de las ciudades y en inmensos escenarios intentaban convencer que sus pomadas eran mejores que las de sus contrincantes. Hoy en día, ya no hay esa pasión por la política como la había en el siglo pasado, por ejemplo. Todo es mas frío, mas calculado, mas ambiguo. Todo basado en estadísticas, en minutos de publicidad en radio o TV, para intentar convencer que con esta estrategia que eres más inteligente, más capaz y que estás a la vanguardia de las nuevas tecnologías. Lo que se ha denominado: “Marketing”, asesoría de imagen, encuestas y otras yerbas...
Antes, aclamabas a un gallo, porque te caía bien, porque su proyecto se amoldaba un poco a tu forma de pensar. Porque era rojo o verde o azul o amarillo. Porque llegaba a las masas o porque apechugaba con el electorado. Hoy, es más distante, todo se maneja a través de la WEB, el Facebook, Tuenti, Sonic, You tube y todas esas redes sociales que existen en Internet donde ya todo está envasado. Si el candidato no es muy agraciado, le aplican unos retoques de Photo shop y el compadre queda como un dandy ¡¡Sí hasta lo encuentras rico!! Y ya está listo para conquistar a las masas y a quien sea necesario.
Antes, se vivía este acontecimiento con un ambiente de fiesta, había afiches de los candidatos en las ventanas de las casas y banderas de los colores políticos. Si parecía que se estuviera celebrando el “18”. Se colgaban colas hechas de cualquier cosa en las puertas de los simpatizantes de los perdedores. Existía hasta un vocabulario paralelo para identificar las diferentes corrientes políticas de la época. Estaban los “Momios”, los “Cabeza’e piedra”, los “Comunachos” y un sin fin de acepciones que ya no recuerdo, Las familias se reunían para pasar el domingo juntos, preparar un asadito, tomarse un vinito que había sido comprado antes de que entrara en vigor la ley seca. Se montaba una pequeña tertulia donde entre los mayores se barajaban los nombres de los posibles electos, mientras otros con la oreja pegada a la vieja radio a transistores, intentaban escuchar las últimas novedades antes de que se dieran a conocer los primeros cómputos. Por otro lado, los cabros chicos se entretenían bombardeando con preguntas a los milicos que custodiaban el bar de la esquina, por si algún despistado intentaba entrar a tomarse una cañita antes de marcar su preferencia. Además, este acto cívico, tenía un atractivo de fondo que no se podría graficar con palabras. En los lugares de votación, tenían la oportunidad de reencontrarse viejos amigos que no se veían desde la infancia o de la última elección hacía ya seis años –porque antes las elecciones eran cada seis años—. Era la oportunidad de lucir una “percha nueva”, de ponerse esos zapatitos, que solo se lucían para la pascua. Mi abuela me contaba que este acontecimiento –me refiero al día de las votaciones—, era como juntarse en un velorio. Porque te encuentras con gente que no habías visto en siglos. En fin, era todo un acontecimiento social y muy cívico...
Hoy, todo ha cambiado. Ya no existe ese entusiasmo por la política como lo era en tiempos pasados. La juventud, que es nuestra principal fuerza para renovar a la próximas generaciones, no siente esa pasión que desbordaba a sus padres, a sus abuelos o la de aquellos que dieron su vida por algo que creían que era justo y cuyo ejemplo se ha ido desvaneciendo con el paso de los años. Ahora le preguntas a un lolo que si se ha inscrito en el registro electoral y te contesta con una frase llena de sabiduría y filosofía muy ponderada, que refleja toda su capacidad intelectual y con la cual desarma cualquier argumento con el que quieras rebatirle: “Noo, compadre, sabis qué, yo no estoy ni ahí con la política...”
Por eso, compañeros, correligionarios, camaradas, ciudadanos, militantes, etc., etc., ahora que nuestro amado Chile, ha vuelto a vivir un acontecimiento electoral, he querido resucitar en vuestras memorias estos anecdóticos hechos y contarles a los que no tuvieron el honor y privilegio de existir en aquellos nostálgicos días, como se vivían las elecciones en el pasado siglo XX. Fueron días difíciles, conflictivos y dolorosos en algunos casos. Quisiera dejar claro, que en ningún momento mi intención ha sido reavivar el fuego por las causa del pasado, sino mas bien hacer un paréntesis entre lo que fue la política de antaño, lo que es en el presente y lo que será a partir del 17 de enero del año próximo. Sea cual sea el resultado de ese día, no debemos olvidar que es la decisión del pueblo la que ha primado por sobre cualquier preferencia y es con el cual se construye una democracia. Deberemos respetar la decisión y determinación de una mayoría que ha creído en la capacidad de un candidato en desmedro de su ocasional contrincante. Además, es posible que algún día podamos tener derecho a voto los que formamos parte de la XV Región y que estamos esparcidos por los cinco continentes. Entonces podremos opinar con conocimiento de causa, porque hemos participado de dicho proceso. Como dato anecdótico, parece ser que somos el único pueblo en América del Sur, cuyos ciudadanos que residen en el extranjero, no puedan ejercer ese derecho a expresarse en las urnas. Parece increíble, que países que están por debajo del nivel de la pobreza y cultura en nuestro continente y que, por añadidura son vecinos nuestros, tengan es derecho constitucional y nosotros aún estemos marginados.
Es posible que algún día, los jaguares de América, como se nos ha denominado, podamos rugir con mucho orgullo cuando la dichosa ley pueda ser aprobada y no duerma otro período presidencial más en algún cajón del escritorio de la burocracia y nos prive de gritarle al mundo ¡Qué ahora sí, somos ciudadanos del primer mundo! Aunque tan sólo sea por depositar una papeleta más doblada que un churro, en una pecera de madera...
Por ahora, conformémonos con seguir siendo espectadores de lujo de un proceso que nos tiene marginados. Es posible, que algún día, podamos vivir este momento como lo hicieran nuestros antepasados con un asadito, una copita de vino y con la vista puesta en la pantalla del ordenador, para ver cómo transcurre el proceso a miles de kilómetros de distancia. A lo mejor, no será necesario que nos manchen un dedo con tinta, para sentir que hemos cumplido con nuestro deber cívico. Lo bueno de todo esto, es que no tendremos a los milicos parados vigilando el bar de nuestro barrio. Podremos bajar a celebrar en cualquier momento. Para nosotros, no habrá ley seca...
Como decía el legendario Leonel Sánchez: “...Qué gane el más mejol...”
¡¡¡Ánimo, compatriotas!!. Ya vendrán días mejores..., he dicho...
Día 16 del mes de diciembre del año 2009.—
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